SECUESTRADORES DE PERROS






Luciana es una chica sensible, un par de hoyitos se le forman cuando sonríe, y sus ojos se iluminan.

Generalmente vamos al parque cuando ella vuelve del trabajo. Yo me quedo a construir esculturas con objetos que reciclamos juntos por las noches, cuando salimos a caminar, y que luego vendo a los turistas.

Luciana odia a su jefe, y tener que levantarse temprano, pero alguien tiene que mantener la casa, pagar el alquiler, y todas esas cosas de la vida cotidiana. Como toda chica moderna, quiere tener las cosas que tienen sus amigas, le importa mucho el "estatus", lo que piensan los demás, quizás este sea su mayor defecto.

Yo no digo nada, porque pienso que son cuestiones de la edad, ella tiene 23, yo diez años más, pero bueno, ella odia las cosas que tiene que hacer para conservar su estatus social.
La verdad es que me causa gracia verla en esos afanes por mantener su empleo en la oficina de aduanas, a pesar de tener un grado en arqueología y otro en filología, y de ser bastante culta.
Cosas de mujeres, me digo, y no trato de entenderlo.

A pesar de que la adoro, me pregunto, qué haríamos los dos metidos en la casa todo el día, mirándonos las caras, me aburriría, y ella mucho más, pues yo soy bastante huraño y ella bastante gregaria.

Me gusta estar solo durante el día, y a ella, rodeada de mucha gente. Solo por la noche estamos juntos, ella me cuenta todo lo que ha sucedido en el microcosmos de la oficina, siempre con la intención de que yo plasme en un cuento aquellas cosas que a ella le causan tanta gracia.
Siempre se representa como una especie de heroína en esas historias, y eso sí que me hace soltar la risotada y ella termina ofendida, luego la beso en la frente, y se le pasa, y vuelve a insistir sobre lo interesante de sus anécdotas.

Viviríamos bien si no fuera por sus “gustitos”, como comprarse ese absurdo traje fucsia de X mil dólares, solo por su capricho de niña mimada.

El asunto es que la han despedido, y llegó a casa llorando, más por el orgullo mancillado que por el perjuicio.
Estos últimos días ha estado mirando mucho la tv, y me parece que su pasión por la arqueología ha quedado enterrada en el tiempo.

Cuando regresé el lunes, hace seis días, me di con la sorpresa que había llenado de notas mi cuaderno donde escribo, “corregí el estilo”, me dijo después.
“La televisión en una semana ha terminado por hartarme, no he encontrado nada que hacer, hasta que descubrí tu librito de poemas, y he puesto algunas sugerencias”, dijo, con una sonrisita pícara, como si hubiera hecho alguna travesura.

Sé que soy nulo para la poesía, creo que me va mucho mejor con las esculturas, aunque sospecho que los que las compran son turistas despistados. En fin. Que el arte, al final, es bastante subjetivo.

Al menos, eso es lo único que me anima a seguir en esto.

Ella quería juntar dinero para irnos un par de años a Francia, a algún pueblito incrustado en la naturaleza, donde yo pueda escribir, sin tener que oír las discusiones de los vecinos, ni el reggaetón de la del 205 -una señora de 60 que tiene el departamento lleno de "wachiturros" veinteañeros.

En fin, queríamos irnos, pero ahora ella estaba sin trabajo, y nos habíamos gastado los ahorros en amoblar la casa, en libros que deseábamos hace tiempo, en alguna pintura demasiado cara que no debimos comprar, y que ahora era imposible vender.

Viendo la tv, Luciana había visto en las noticias que una banda de secuestradores de perros en Alemania había hecho mucho dinero, hasta que los habían atrapado de una manera bastante tonta.

Claro, a Luciana se le prendió la lucecita, y tenía en mente una víctima bastante jugosa: un perrito shih tzu, del viejo miserable de su jefe.

El viejo vivía como si fuera un paria, debido a lo tacaño que era. Solo tenía un perrito, al cual trataba con bastante malevolencia, aunque yo intuía que el pobre viejo, por dentro, canalizaba todo su amor en aquel pequeño chucho.

Luciana vio de inmediato la forma de vengarse, y para convencerme me dijo que vivir en la ciudad nos alienaba del sentido real de la vida, incluso me habló de la contaminación lumínica, —dándole una interpretación filosófica a la función de la urbe—, aducía que esta, al no permitir contemplar las estrellas, evitaba que el hombre se dé cuenta de que solo era un grano de arena en la infinidad del mar estelar, y que por esta razón "el hombre citadino es infeliz, por no comprender su verdadero lugar en el cosmos", me dio este y muchos otros argumentos, bastante coherentes y razonables, por cierto.

Como cada genialidad que se le ocurría, yo sabía que eso no iba a terminar nada bien, además pensé que todo era una broma, un pensamiento suelto, una ocurrencia.

Pero como la veía tan decaída, con tantas ganas de viajar, y sobre todo, con las ganas de cometer “ese delito”, le dije: "Ya, hagámoslo". Está claro que yo también estaba bastante rayado, pero lo que me molestaba a mí era ver como maltrataba el viejo al pobre animal.

Preparamos todo para el secuestro canino.
Yo pensé que el viejo no accedería a pagar el rescate, y nos olvidaríamos del asunto, devolviéndolo, dejándolo en su jardín sin pena ni gloria.

El asunto fue bastante simple. Le quité la pelota al perrito, sin que el dueño se percatara, metido en su periodicazo; el chucho vino corriendo detrás de mí, Luciana me esperaba en el auto, doblando la esquina.
Cogí la red, atrapé al animal y subimos al auto, podía sentir como la adrenalina corría por mi espina dorsal, pues nunca antes había hecho nada parecido.

Al llegar a la casa, nos miramos los tres, ella, el chucho, y yo, nos partimos de risa por mucho rato, sobre todo porque hasta el perrito parecía reír, pues enseñaba los dientes de una manera bastante graciosa.
Ella estuvo toda la noche con el perrito, lo rebautizó, y no se despegó de él, hasta lo hizo dormir en la cama, en medio de nosotros, lo cual empezó a incomodarme.

Al día siguiente salimos para ver como andaban las cosas en el vecindario, la foto del can estaba en todos los postes, ofreciendo recompensa.
Seguimos el plan al pie de la letra. Llamé por teléfono, el viejo estaba dispuesto a dar 30 mil dólares por el chucho, que por cierto, para él, dueño de los almacenes Monterrey, era una bicoca, un sencillo.

*

Llegó el viernes, el día de la entrega.
A la hora de llevarme al perro, Luciana, como una niña, se deshizo en llanto, no quería desprenderse del chucho, ni éste de ella.
Traté de razonar con ella, de mil formas, le hablé del pueblito al que iríamos, donde ella podría pintar las estrellas que por las noches se descubren unas a otras.
Pero ahora ella estaba encariñada con el perrito.

Claro, mi amor por Luciana era tan fuerte, que terminó convenciéndome.
Intenté argumentar una vez más, su única respuesta fue un mar de llanto, abrazándose al perro, al que le había puesto de nombre Vallejito.

El desgraciadito era bastante lindo y tierno, hasta llegó a enamorarme, sin embargo, era imposible quedárnoslo, sobre todo porque su foto había estado hasta en la tv, y lo teníamos que tener oculto, evitar a toda costa que ladre.
Pero ella no entendía razonamiento alguno.

Tuvimos que emplear nuestros últimos ahorros para mudarnos a otro lugar, a pesar de que allí habíamos estado bastante cómodos.

Nos mudamos a un lugar más discreto en los suburbios, donde el dichoso perrito pasaría desapercibido. Tuve que conseguir un trabajo convencional para mantenerlo; y además era muy de pedigrí, se enfermaba por cualquier cosa, y cuando él caía enfermo, ella también, y luego yo.

Al final, terminó costando mucho más de lo que hubiera costado tener un bebé, pero ella era feliz.

Pasaron unos seis meses, todas las noches salíamos a pasear por el parque los tres; parecía que Vallejito quería una Vallejita, pues estaba inquieto.

Le dije a Luciana que iríamos a la tienda de mascotas, para ver que podíamos hacer por él, pero según ella, Vallejito ya había elegido a la "nuera" indicada.

Luciana me miró con esa mirada que ya conocía, entonces suspiré, y le dije, "Ok, coge la red".

***FIN***

METAMORFOSIS NATURAL




Estoy solo en la inmensidad,
lejos de los páramos de la cordura,
lejos de las carroñas sin sentido
con las que nos tienta la muerte.

Las rocas apiladas junto al río
son como cráneos secos de tanto pensar.
La soledad de los abismos,
magnetos de los que es imposible escapar.

El fango verde, la carnosidad de las piedras,
y las nubes grises,
son el abono de esta pena que me alegra.
¿Acaso alegría y tristeza
son dos viejas hermanas gemelas?

Ahora que la lluvia asoma
me contagia la melancolía del invierno.

-Incluso la libertad
aturde el equilibrio de las lágrimas-.


II.-

El manantial de vino
cae en cascadas desde el cielo lúgubre.
Cae sobre enormes y perezosas rocas
que toman el sol y el frío,
ante la corriente cana y crespa
de erosionados ríos.

Los últimos rayos del sol
pican como las abejas,
y olvidan su miel en el fondo de mis ojos.
El tiempo se nutrirá de ella
y me dejará los huesos secos y límpios,
como me dejó el olvido.

Es hora de volver a casa
y comprobar en el espejo
que no me he tornado
piedra, lluvia, río...



ESPIRALES EN LA NOCHE






¿Dios es sólo un cigarrillo
que fumamos para no morir de frío?

Demonio azul, libérame de este abismo
donde anida el esperma inútil del tiempo.

Prendo otro cigarro,
y la tortuga de la tortura
hace bien su trabajo.

El ron aguado me colocó en este estado.
descolocado.

Ebrio y tumbado en el parque,
se me trepan los versos
y me chupan la sangre.

Parques inmersos en la noche,
parques inmensos y grises del corazón.



ALGUIEN HA ESTADO FUMANDO





¿Qué llevan las mujeres en el bolso?
Qué rápido acabó el comercial.
Las damas pasean con sus chuchos inversos
en la noche de las cerillas.

Me encuentro un tanto preocupado:
no me alcanzará el ron.
¿Encontrarte otra vez entre la sombra de los vasos?
¿ocurrirá?

Aletea el pez espada del pensamiento:
es hora de trabajar.
Huele a gasolina en las puertas del infierno.

Me veo ebrio, haciéndote llorar con mi fracaso.
Los gatos del desamor maúllan atigrados
y gimen tras los conspicuos bigotes.

Moría por besarte
bajo el torbellino de nubes grises.
El grillo estereofónico no cesa en mi mente.

La flojera me embiste como una vaca obesa.
¿Qué haré sin tu cabello azabache
acariciando mi rostro?



ARTE

MON LAFERTE.-
"Tú que vas a saber.. si tú no sangras una vez al mes..."
LA AMO!!!! estoy re enamorado... pensé que no existía el arte en nuestros tiempos... esta chica le ha agregado días a mi vida.
vean el video aquí


FANTASMAS






Eres tan bonita
que hasta los fantasmas te persiguen.



Infectados



Lily se levantó la parte izquierda del bikini, mostrándole una preciosa tetita de pezón sonrosado. Alex no supo como reaccionar. Lily se cogió el seno con la mano izquierda y lo apartó del otro. Al descubrir aquella herida pululante de gusanos púrpuras, Alex dio un sobresalto y los ojos se le llenaron de horror.


I.- LA ALDEA


El día que Alex llegó a la aldea, una extraña niebla espesa y sucia cubría el valle; y mientras el camión descendía, la sensación de estar sumergiéndose en una pecera tóxica, se acrecentaba en él.


Cierto hedor sulfurante le quemaba las vías respiratorias, las manos se le cubrieron de sudor frío, y el cuerpo le temblaba sin poder evitarlo; aunque trataba de aparentar sosiego ante el profesor Arriaga, que lo había llevado consigo por considerarlo su mejor estudiante.


El amanecer le dio paso a una mañana plomiza y fría.


Los habitantes de aquel lugar andaban con expresión de peces enfermos: el pecho hundido, la espalda encorvada, los ojos acuosos, y la piel amarillenta y fláccida. Por un momento Alex quiso escapar de allí, marcharse en seguida.


Y sin embargo, hacia el medio día, la oscuridad cedió un poco y oyó algunos niños reír en la plaza. Oyó una voz deliciosa y femenina, se volvió a mirar, la chica jugaba puerilmente con un par de niños; su voz, medianamente grave, tenía la tonalidad cantarina de los lugareños. Le sorprendió lo bien formada que estaba.


Otros dos jóvenes, como él, también admiraban su belleza pero ella parecía no darse cuenta del deseo que causaba en los hombres. Jugaba con los niños como si ella misma fuese uno de ellos.


DIARIO DE UN ESCRITOR

(Fragmentos de mi diario 2013-2016)






*
Ya estoy de vuelta… otra vuelta de tuerca. Pienso que al final la única obra que escribiré a este paso va a ser este diario. Veo la muerte muy cerca. Un gato negro se me cruzó en el umbral. Ahora empiezo a sudar de un modo confuso...
Necesito calmarme y ponerme a escribir ahora que estoy seguro de que en esencia soy un escritor. ¿Pero, lo sería si no hubiese bajado al infierno un poco, como dice Calamaro?


*

Ha aparecido un juego, la ballena azul, que consiste en cortarse y la última prueba, suicidarse. Me pareció de lo más loco, ¿cuánta gente deprimida, que siente que no encaja existe en el mundo?, millones...
Me estoy volviendo loco, es verdad, sólo tengo que escribir, si no terminaré jugando yo también, lol... Van Gogh dijo: “hice lo mejor que pude, sé que nadie lo aceptará, solo yo”. Esa es la esencia del arte, al fin me di cuenta de ello, solo se trata de uno, uno mismo es su lector ideal…
*
Me he equivocado mucho en toda mi vida, y ahora estoy solo, hundido, bien hundido... me creía un genio, pero no, soy débil, débil como las alas de Dédalo, débil y frío, desmemoriado, la antítesis de Funes.
Se supone que no estoy mal, que volvería a empezar, aunque me ha cogido frío esta derrota grande. Encima me he estancado en “Parásitos”, a pesar de que lo tengo todo estructurado.
*
He colgado mis dibujos en la pared, y la guitarra también. A ver si así me inspiro, aunque solo obtengo ráfagas autodestructivas. Parece que no llegaré muy lejos, que finalmente la presión me socavará, que las letras ya están de luto, que el sol no sale por respeto a mi fresco cadáver, que las horas no corren por no hacer ruido, pero levitan como fantasmas…
*
El reconocimiento de las masas es falso, es una creación artificial que no tiene nada que ver con el valor real de la obra, las masas solo siguen modas...
Divagar… tal vez he llegado a la última fase, tal vez todo era cierto: he vivido mil vidas en tres décadas muy comprimidas... estoy super high... Tragaré saliva, y tomaré otro trago.
*
Ahora solo me gustaría fumar en alguna cabaña, leer un libro por la tarde, oler la tierra mojada, fecunda... Estoy demasiado paranoico, pero es por la horrible ciudad que me rodea, es por la mierda de la presión...
Ahora vienen los diablos, todos juntos, incontrolables, como un huayco negro y rojo, y qué hago, solo me queda envolverme, embarrarme. Soy más animal que humano. Mi evolución es una vil mentira.


*

He notado que tengo sueños premonitorios. Es un nuevo descubrimiento. Y aunque el año pasado, el 2015, haya sido una mierda total, creo que me ha servido para darme cuenta de que puedo estar bien solo, y para darme cuenta de que lo que realmente me interesa es escribir. Y me gustaría mudarme al campo, aunque eso tendrá que esperar.
*
Hace casi un mes que no escribo.
He estado igual, no fui a saludar a mi madre por su cumpleaños, la dejé plantada. Me siento mal por eso. Acabo de venir de dar una vuelta, con una “Guaraná” en lata, y un snack... me sentí mejor.
*
Volví a sentir que no sirvo para escribir. Quise volver a programar. Porque aún me afana eso. Entonces no sé, creo que seguiré en este vaivén eterno. Al menos terminé “Parásitos”, que terminó llamándose “Rescate Emocional”, en inglés, claro, por la canción.
Me quedó más o menos bien. Creo que me excedí con las descripciones, y la trama está medio floja. Pero al menos la terminé. Ahora estoy escuchando doble nueve, me sentí bastante nostálgico hoy. Hasta me puse a pensar en la monita...
Creo que extraño esas relaciones de pareja. Esas noches de fogatas en la playa, con amigos y chicas, esas cosas de adolescentes, enamoramientos emocionantes que viví hace 10 años. Qué bestia.
*
Estoy con ganas de escribir, o al menos avanzar mi obra... Acabo de ver una película sobre un cerdito, la araña le dice algo así como que se teje la telaraña y se espera, siempre cae algo… pensé en la escritura, se escribe por todos lados, desde todos lados, luego se van formando estructuras, se tacha, se agrega, se edita, y al final alguna jugosa mosca —la idea—, cae allí, necesariamente tiene que caer...


*

Refúgiate en tu trabajo.
*
Tengo que escribir, es lo único que me puede salvar. Estoy escribiendo sobre un doctor que se enamora de una autómata… Creo que quedará bien, es sobre el egocentrismo en el que vivimos.
*
Estuve leyendo la biografía de Chejov, le llegaba al pepino la estructura, solo quería plantear sentimientos, estados de ánimo e ideas. Me he dado cuenta de que ese es el camino que debo de seguir.
*
Toda esta semana he estado muy loco, desempeño cero en todas las funciones vitales. Tirado en la cama como una madonna, elucubrando ideas oscuras como un infecto gusano. Siento que la estoy perdiendo de nuevo, me siento muy lejos, muy por debajo de la realidad, en un tiempo cósmico; no llegaré a sus tiernas orejas ni a sus dulces labios antes de que ella se vaya, o quizás ya se ha ido, porque es como esas estrellas que aún después de muertas brillan con intensidad.
*
Me da como un dolor en todo el esternón el trabajo que significa redactar, corregir y sobre todo crear la parte que falta, en medio de un torbellino de incertidumbres, tratar de escribir al pie del tornado, con el cabello arremolinado y el pellejo de las mejillas ondulante...
Pero lo tengo que hacer, es la única puerta mágica que puede abrirse ante el futuro, la ilusión primaria.
*
Tengo la historia de “Hit” en la cabeza aunque aún no me atrevo a escribirla. Estoy esperando esa inspiración que casi nunca llega. Sé que irá en un bus, una tipa lo acusara de agresión, tan solo porque le molesta la facha desgarbada de Hit. Un policía lo arrestará, solo para hacer alarde de su poder. En la comisaría una mujer policía le dará un libro. Él no sentirá que está en la cárcel, absorto en el libro.
Su caso se postergará hasta por quince días por la ineptitud de la burocracia, el fin de semana caerá preso un enano alcoholizado, con su novia: un travesti bastante masculino, alto, con barba sombreada, y con ellos vivirá una aventura que aún no sé en qué consiste... Todo se me está complicando... Es demasiado absurdo. Tal vez debería solo escribir y ver qué sucede...
*
Me acabo de robar un chocolate de la caja fuerte. Volví a ver la película de Robert Crumb, quedé impresionado una vez más. Ahora que tengo todo lo que deseo para escribir, me es muy difícil, sigo en este lujoso departamento, donde todo es demasiado bonito, un sepulcro magnífico. Sé que debo avanzar el libro, creo que incluiré las nuevas historias.
Intentaré avanzar lo que tengo. Bueno, no hay mucho más que contar, solo que descansaré de la habitación 101 por dos días. Luego veinte días de infierno, y ya veremos cómo marchan las cosas...



FUTURO






“Todo cuanto contemplas, aunque parezca estar fuera, está dentro, en tu imaginación, de la que esta vida finita es tan sólo una sombra.”
WILLIAM BLAKE


1

Evelyn Diamond despertó en una habitación extraña. Una pesadez en la cabeza, como si hubiese bebido la noche anterior, la tenía aturdida.

Un sensor se activó con sus movimientos, las mantas se recogieron, las persianas se plegaron y la luz solar ingresó. Una pantalla conducida por un brazo robótico se desplegó ante ella; el noticiero empezó un discurso monótono sobre la guerra en Oceanía, también dio información sobre mercados bursátiles y materias primas.

¿Qué era todo ello? ¿Dónde demonios estaba?

Al menos se encontraba más que cómoda en aquellas instalaciones, por lo que le pareció que no debía preocuparse. Un suculento desayuno apareció, haciendo gala de una avanzada tecnología.

Evelyn miró sus manos bonitas con cierto orgullo.

Pero, ¿dónde estaba Marlon?, ¿y su madre, con su obsesión por el orden? ¿Había ocurrido alguna especie de milagro y de repente había ascendido al cielo?

Aunque lejos de alas, nubes y aureolas, lo que veía era acabados de diseñador, tecnología de punta que combinaba muy bien con aquel estilo neoclásico.

La comida tenía cierto sabor químico aunque era agradable, las noticias las daba una dama de ojos rasgados con una voz robótica que invitaba al sueño: “El titanio bajo 35 puntos… el plutonio subió 12 puntos… Eurasia envió 3000 regimientos a Oceanía… 30 millones de soldados se debaten día y noche en un ambiente radioactivo… nuestro valeroso ejercito tomó uno de los principales hitos estratégicos para ganar la guerra…”

Debía de estar en un lugar altísimo, por los ventanales se veían otros edificios decapitados por las nubes. Distinguió ciertas actividades humanas en los edificios circundantes, aunque muy difusamente.

Al costado de la cama, un regulador con distintos lapsos de tiempo y un ostensible botón amarillo llamaron su atención.

¿Para qué servía aquel botón amarillo? ¿Un botón de pánico, tal vez? ¿Una alarma? Había indicaciones en chino, aunque Evelyn no entendía un ápice de aquellas figuritas enrevesadas.

Estaba claro que tenía que salir de la cama y averiguar dónde se encontraba, qué había sucedido. Estaba segura de que existía una explicación.

2
Las calles eran un conglomerado de edificios monstruosos; ventanales ahumados reflejaban otros edificios, creando un espejo infinito.

El sol calcinante la obligó a cruzar hacia la acera del frente; pero era tan fuerte el contraste de la luz, que Evelyn extendió la punta de su delicado piecito para comprobar si había piso, pues aquellas penumbras parecían ser las fauces de un enorme abismo.

Los establecimientos vacíos terminaron de confundirla. Tal vez, todo era un sueño… se pellizcó, y hasta se dio de cachetadas para despertar; pero el ardor le confirmó que aquello era real.

Lo que más le sorprendió fue la falta de vida en cualquiera de sus manifestaciones, no encontró un insecto, ni siquiera un árbol, musgo u hongo.

Era obvio que en aquella urbe vivían a mil por hora: los autos corrían violentos como si huyeran de un desastre nuclear, aunque iban hacia todas las direcciones en intrincadas autopistas.

El ritmo feroz de esta gente no le causó impresión alguna, pues conocía el temperamento del hombre moderno —corriendo siempre hacia cualquier lugar, con tal de mantenerse en movimiento.

Se tomó todo el tiempo del mundo para recorrer las calles y plazas.

La moda siempre había sido su debilidad, por lo que cuando llegó a aquella avenida saturada de tiendas, olvidó completamente que era ajena a aquel mundo y que debía concentrarse en investigar qué hacia allí.

Reflexionando en las nuevas posibilidades que se le abrían, y víctima de su ímpetu femenino, entró a curiosear en las galerías.

Dio unos grititos de placer ante los vestidos de corte futurista que encontró; la sedujeron los brillos robóticos y su soberbia elegancia.

Descubrió todo tipo de atuendos: chaquetas, bufandas, gafas de sol, zapatos, carteras, joyas… Era un sueño, el paraíso que había estado buscando desde que tenía uso de razón, y ahora casi se hincaba de rodillas, emocionada.

3
Los maniquíes parecían hechos de un material divino; no parecían maniquíes, sino ángeles, por decir lo menos. Eran seres con forma humana, pero su belleza perfecta los distinguía de inmediato, como una chica bella se distingue de un orangután.

Evelyn se quedó prendada de uno de estos maniquíes; mirando en la profundidad de sus ojos tuvo la sensación de que aquella gente vivía en un tiempo mucho más dilatado, como si ella fuera un ratón atrapado entre los laberintos inescrutables de una fracción de segundo, tiempo en el que podía hacer y deshacer a su gusto.

No le quedó claro, después de haber besado y acariciado el cuerpo de aquel ángel indefenso en su eternidad, si se trataba de un chico o de una chica, pues era “él” si uno lo pensaba así, y “ella” si uno pensaba lo contrario, ¡qué dilema!

Se rio consigo misma por sus excentricidades; salió del lugar luciendo un conjunto amarillo limón; y un adorable zapatito de piel de lagarto asomó por debajo del vestido, orlado con diamantes.

Evelyn era bonita por naturaleza, quizás un poco delgada, pero esto no era de gran importancia considerando que era apenas una quinceañera.

Un impulso la alentó a ir calle abajo, la tarde moría y era placentero caminar así, como envuelta en cenizas.

Su mente era una cuadriga de caballos blancos y negros. El zumbido de los autos se hizo más espeso en sus oídos. A su modo, ella también iba a toda velocidad en sus pensamientos, expectativas, temores y esperanzas. El tiempo empezó a desconfigurarse como una burbuja que se deforma, se ensancha y luego explota.

Y ahora, ¿qué se supone que haría?, los faros de la ciudad se encendieron, aunque ni falta hacía por la cantidad de anuncios de neón que fulguraban, era el colmo. Aunque también era de algún modo divertido ver aquel singular despliegue.

CONTINUARÁ…

CAMINO AL INFIERNO.-





En los campos donde los perros
Pastan la basura
Me encontré con Mickey Mouse,
Y todas sus bacterias.
Juntos decapitamos un tráiler
Y bailamos sobre el charco
De su sangre petrolífera.

Era todo un espectáculo ver aquel barril inmenso
Sin cabeza.
Chacchaban el metal las viles ratas
Haciendo cronckshes agudos,
Me sentí miserable entre tanta alimaña
Hui despavorido entre las luces
Entonces llegué a la antena de la matriz
Donde cruentos fetos, conectados a la máquina,
Me miraron destilando luces fosforescentes
Me aferré fuertemente a la petaca
Y pensé en el alma de mi allco,
Era el infierno realmente?
Aquel tintinear insípido de luces incoloras?

Seguí explorando, pues para eso había bajado.
Necesitaba más calor,
Nunca imaginé que el infierno real fuera tan frío.

Vi mucha adicción en los cementerios de pollos
Estaban de moda con su traje cobrizo y sus huesos crujientes.
Me exaltó el olor a cadáver con especias
Quise llorar, pero tuve antes que correr,
Correr muy lejos, porque el lobo que hay en mí,
Se estaba despertando, y eso solo significaba autodestrucción…

Corrí como un lama sobre el desierto,
Mi lado animal latía a toda marcha…
¿Había llegado hasta aquí para ser gobernado por mis demonios?
Imposible.
Mi espíritu irradiaba fuego, y tenía que aferrarme a él,
Para seguir vivo.

Una niña corría tras su perro.
Yo corría tras la luna, que diluía mi ron con sus lágrimas
Acuosas
Ella bebía, yo la miraba inmaculada
Había alguna salida, tras ese satélite dorado?

Después de las ganas de mearlo todo
Sentí el fármaco inmune,
Empecé a toser,
A expectorar el vino entre coágulos de sangre.
Quise volver arriba, pero una fuerza impúdica me lo impedía.

Vi mujeres hermosas con colas felinas,
En sus ojos pude verme atrapado como una inocua mosca.
Rugí como el león que soy
Y ese sonido armonizó mis mitocondrias,
Que clamaban por un poco de luz,
Pero estaba en esta expedición al infierno
Tenía que cambiar mi hedonismo por un traje de hierro.

Inmensos demonios, de más de diez metros
Vinieron a inspeccionar mis documentos
Saqué la petaca y todo les pareció muy bien.

Terrones de sangre se mezclaban con el café
Y una vez más quise quedarme
En las pantallas relampagueaban chicas y chicos
Atléticos, demostrando destrezas...

Yo solo era un ratón incrédulo
Ateo, adscrito al sistema
La bebida relampagueó en mi garganta
Y recordé a qué había venido…

Hermosa Entre Las Lápidas.-




Entre los cristales,
entre las sombras,
entre los días nublados
-donde uno no es uno-
entré en la oscuridad.

Me vi como en un sueño contigo,
un sueño alucinante,
de vidrios coloridos,
Entre charcos de cerveza,
en medio de manipuladas masas,
enlazado a tu cintura.

Atavismos Circulares.-




Le gustaba estar entre los muertos,
la primera vez me llevó al cementerio.
-"Acaso no mueren los fantasmas?"

La sonrisa del Inca petrificado
me dejó sin espacio-tiempo
-Se parecía tanto a mí...-

-"Time is like a dream",
cantaba la Galas.
Y yo en las alturas carente de oxígeno.

En aquella ilusión fumé demasiado.
¿Dónde rayos está el sol estos días siniestros?

*
-¿No tienes miedo de que se te peguen las alimañas?-
le pregunté.
(Ella tenía una amiga:
una anciana demasiado vieja para ser anciana,
olía a demonios y mataba las larvas de su gabardina,
cada tantos minutos).

-Más peligrosas son tus ideas-
me dijo como si le hablara a alguien detrás de mis ojos.

Quedé convencido de que era difícil ser yo,
¡Aunque estaba claro que mucho más difícil era ella!