HIT



HIT



Hit se despidió de Patricia, mientras se ponía el casco le iba diciendo: 
-No demoro Patricia, no seas celosa por favor. Sabes que eres el amor de mi vida, no te cambiaría por nada del mundo.
Y le dio un beso en la pequeña frente de plástico. Patricia era una muñeca Barbie que había encontrado en la basura; la tenía desnuda sobre la maraña de libros apilados. El día que la encontró, la limpió pacientemente y luego sombreó fuertemente sus ojos, dándole apariencia de puta. Patricia lo miraba con sus ojitos celestes desteñidos. Ella pensaba para qué diablos llevaba siempre el casco, si no tenía moto.
Aspiró el polvo blanco y sintió un electroshock en el cerebro. Se quedó inmóvil por unos segundos, catatónico. Luego se limpió con la manga de la camisa, y salió a la calle.
En el camino las luces tintineantes del casino lo sedujeron inmediatamente. Tenía cien soles que había ganado trabajando un par de semanas. Mientras jugaba le iba diciendo a la máquina:
-¡Vamos pequeña putita, vamos!
La anfitriona del casino, que estaba pasando por su lado, volteó y le esbozó una sonrisa.
-Le ofrezco algo señor? –dijo, sin dejar de coquetearle.
-Sí, agua con hielo.
Y mientras se inclinaba para servirle, se asomaron un par de enormes tetas, que parecían querer escaparse del insinuante escote.
Hit sintió que algo se movía en sus pantalones.
-Cualquier cosa que desee, cualquier cosa… estoy para servirle. –Le dijo la preciosa mujer y se retiró.
Mientras jugaba al video póquer pensó que llegando a casa le haría el amor a Patricia violentamente. Perdió los cien soles con una sonrisa en los labios y fue al baño.
Esnifó un par de líneas y luego se acercó al urinario. Se fijó que nadie lo mirara, aunque el inmenso baño estaba desierto, y se dispuso a miccionar.
El recipiente blanco se llenó de pequeños bichos que Hit orinó. Alocados corrían en todas direcciones. Se sacudió el miembro viril y automáticamente el inodoro liberó el agua, los pequeños bichos negros desaparecieron en el drenaje. 
Hit se quedó parado un momento, paralizado, esta vez por un par de minutos. Luego se subió el cierre y salió del casino. Se puso el casco. Mientras caminaba metió la mano al bolsillo, observó el único sol que le quedaba.





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